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Verano: una oportunidad para reencontrarte contigo

August 6, 2019

 

¡Por fin ha llegado la época más esperada del año por muchos: el grandioso verano! Y con él, días mucho más largos, más tiempo libre y cómo no, en muchos casos, ¡las vacaciones! 

 

Por eso, no es un misterio para nadie que esta temporada despierte en nosotros esas ganas tremendas de “desconectar”, “disfrutar” y “olvidarnos de todo”. Unas ganas que crecen y se van alimentando durante el resto del año, pues parece que una de las cosas que más nos llama de esta época es la invitación a dejar las preocupaciones, el estrés y los problemas del día a día “aparcados” y lejos de donde vamos a estar. 

 

Sin embargo, se nos escapa un pequeño detalle y es que, si bien el veranito nos ayuda a romper con la rutina diaria, lo cierto es que hay un elemento fundamental del que no podremos desconectar del todo sin importar la estación del año: nosotros mismos. Inevitablemente, nuestra forma de percibir, interpretar y enfrentarnos a las distintas situaciones que se nos presentan, también la llevamos en la maleta con nosotros. Podemos tomar vacaciones de algunos de los roles que mantenemos en nuestro día a día, pero nuestra verdadera esencia no la podemos dejar en casa. Ésta nos acompaña allí donde vamos…

 

Entonces, ¿qué tal si en lugar de enfocarnos únicamente en la desconexión como objetivo, aprovechamos las ventajas que nos ofrece el verano como una oportunidad para re-conectar con nosotros mismos, con nuestra esencia desde el presente, y dejar así que las preocupaciones acerca del pasado y el futuro que siempre están con nosotros descansen un poco?

 

Veamos a continuación algunas ideas que pueden servir para llevar esto a la práctica. 

1. Respira

 

 

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que prestaste atención a tu respiración? Si tu respuesta es que no, ahora que probablemente vas a poder disfrutar de un poco más de tiempo libre en el que la rutina no arrase con TODO, te invitamos a que, al menos, hagas el intento de respirar de forma consciente:

 

Escoge un momento del día: por la mañana apenas te despiertes, por la noche antes de dormir, o durante cualquier otro momento del día en el que te puedas dar el permiso de “parar”, aunque sea por un instante. También puedes ponerte una alarma o un recordatorio, pues lo más seguro es que no te entren ganas de hacerlo naturalmente. Lo cierto es que nadie nos entrena para esto.  

 

Observa: una vez que hayas encontrado ese momento, dedica al menos un minuto a centrar la atención en tu respiración. No tienes que hacer nada más que observar (sin juzgar) lo que ocurre en tu cuerpo y las sensaciones que se generan cuando tomas consciencia de cómo estás respirando: ¿cómo entra y sale el aire a través de tu nariz? ¿Qué ritmo tiene tu respiración en ese momento? ¿Qué temperatura tiene el aire cuando entra y cuando sale? ¿Qué movimientos hace tu cuerpo cuando respiras?  

 

Vuelve: si no sueles hacer este tipo de ejercicio, es probable que tu mente te distraiga de la tarea en la que estás con cualquier pensamiento. Pero puedes estar tranquil@, es lo normal y no pasa absolutamente nada. Cuando te des cuenta de que esto está ocurriendo, simplemente vuelve a llevar tu atención a la respiración. Utiliza ésta como ancla al presente. Además, no importa cuántas veces te distraigas, puedes volver a tu respiración tantas veces como sea necesario, lo bueno es que siempre va a estar ahí para ti. 

2. Encuéntrate contigo

 

 

Tomando como referencia el artículo de nuestro blog titulado “Desconecta tu piloto automático”, sabemos que es muy común que la “falta de tiempo” que define nuestro día a día nos lleve a perdernos un montón de experiencias y sensaciones que tenemos fácilmente a nuestro alcance. Por eso, queremos proponerte que, sea cual sea tu situación este verano (que estés trabajando en jornada intensiva, disfrutando de unas largas vacaciones fuera de tu ciudad, descansando en casa o simplemente aprovechando que los días son más largos para hacer planes veraniegos), la utilices a tu favor para encontrarte contigo. 

 

Agudiza tus sentidos:

 

Aprovecha ese momento en el que te trasladas de un sitio a otro, ese baño en el mar que tanto estabas esperando, ese atardecer o ese bonito paisaje que ves desde la playa o la montaña, ese helado que tu cuerpo te ha pedido para sobrevivir al calor, o cualquier otra situación que elijas para vivirla desde un lugar distinto. Esto es, intentando darte cuenta de la información que llega a tus sentidos haciéndote las siguientes preguntas, como si de un juego se tratase: 

 

¿Qué puedo ver a mi alrededor en este instante? ¿Qué sonidos identifico cerca y lejos de donde estoy? ¿Qué temperatura siento en este momento? ¿Cómo noto el contacto del aire que me rodea con mi cuerpo? ¿Hay algún olor específico que puedo identificar aquí y ahora? ¿A qué me sabe este momento: noto alguna sensación dulce, amarga, ácida o salada en mi boca? Y finalmente… ¿Qué tan nueva, rara, curiosa o interesante me resulta la experiencia de abrir mis sentidos y prestarles toda la atención cuando normalmente no lo hago? Se trata de saborear de una forma mucho más rica y completa los momentos que llenan tus días y a los que normalmente no prestas especial atención.

 

Conecta con tu cuerpo:

 

Mientras estés en la playa tomando sol, al despertar de esa siesta que necesitabas al salir del trabajo, o cuando te tumbes a descansar unos minutos después de haber hecho deporte, tómate unos instantes para conectar con tu cuerpo:

 

  • Haz un par de respiraciones profundas y recorre mentalmente todo tu cuerpo desde los pies hasta la cabeza, atendiendo a cada sensación que surja sin juzgar y sin intervenir para cambiar nada. 

 

  • Si los pensamientos te distraen, vuelve a llevar la atención a tu cuerpo con amabilidad. Hazlo tantas veces como sea necesario (igual que en el ejercicio de la respiración).

 

  • Si surgen incomodidades, tensiones o picores, es absolutamente normal, dales también la bienvenida. No tienes que hacer ningún esfuerzo por quitártelos, así que bastará con identificar el impulso que tienes a hacerlo.

 

  • Intenta darte cuenta de la sensación general que invade tu cuerpo en ese momento. El único objetivo es tomar consciencia, no hay que hacer nada más. 

 

Atiende a tus emociones:

 

¿Cómo llevas eso de sentir e identificar tus emociones? Quizás este verano sea un buen momento para ponerlo en práctica. Ante las distintas situaciones que se te presenten, ya sean agradables o desagradables, presta atención a lo que sientes. Tu cuerpo puede ser un gran aliado si permites que te dé información sobre lo que le está ocurriendo. Además, actividades como escuchar música, escribir, hacer manualidades o pintar, te pueden servir para explorar distintas emociones y conectar con ellas.

 

Por otro lado, también puede ser interesante que te hagas las siguientes preguntas para conocerte un poquito mejor: “¿qué suelo hacer normalmente con mis emociones? ¿las escucho, las acepto, las ignoro?”...

 

3. Encuéntrate con tu entorno

 

 

Por último, el reencuentro con tu entorno puede servir como otra vía que te ayude a estar más cerca de ti. 

 

Acércate a la naturaleza:

 

Aprovecha este verano para ir a dar un paseo por donde estés. Hacer una pausa y tomar un poco de aire fresco siempre es un buen ejercicio para recargar energía. 

 

Acércate a los tuyos:

 

Los encuentros con amigos y familiares se ven muy favorecidos en esta época del año. Planifica esas quedadas que tanta falta te hacen, y tómate el tiempo para compartir momentos de calidad con tus seres queridos. 

 

Toma distancia de los dispositivos electrónicos:

 

Probablemente las dos actividades anteriores serán mucho más potentes si te tomas unas pequeñas vacaciones de los dispositivos que te mantienen “conectad@” al resto del mundo 24/7. No se trata de dejar el móvil apagado durante todo el verano, pero quizás sería interesante hacer el experimento de no tenerlo constantemente en la mano, o al menos no mientras intentas conectar contigo mismo y con tu entorno.      

Te invitamos a ponerte el traje de la curiosidad para que desde allí pongas en práctica lo que te proponemos. Porque lo más importante no es lo que se hace, sino desde dónde se hace

 

Así que si sientes que llegas a re-conectar contigo, lo bueno es que esa experiencia también la podrás llevar de vuelta a la rutina cuando llegue el momento porque, TÚ ELIGES qué versión de ti mism@ quieres ser. Recuerda que TÚ ELIGES TU VIDA. 

 

 

¡¿Te animas a probar?!

 

¡Qué tengas un FELIZ VERANO! 

 

 

 

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